
Durante mucho, mucho tiempo, debido a creencias morales y religiosas, el sexo se concebía como un medio para un fin: la reproducción. Así, sólo tenía sentido entre parejas monógamas y hetercis, dando preeminencia al pene y siendo la penetración la única actividad sexual considerada como sexo.
Así nace el llamado «coitocentrismo», concepto que todavía nos acompaña en nuestros encuentros sexuales.
Ahora bien, con las sucesivas revoluciones sexuales y postulados del movimiento feminista, se logró poner en jaque dicho concepto y se empezaron a visibilizar un montón de otras experiencias que salen de la monogamia, la heteronorma y destronan al pene de su lugar de privilegio. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer y en este post queremos contarles un poco más sobre el coitocentrismo y cómo combatirlo.
Obviamente, nuestra idea no es demonizar al coito, dado que reeeeee podemos disfrutar de la penetración. Solo nos parece que hay muchísimas otras cosas para probar que pueden enriquecer nuestros encuentros.
Tanto el coitocentrismo, su gran amigo el falocentrismo (preponderancia del pene y la genitalidad en el sexo), han hecho que el resto de nuestro cuerpo y zonas erógenas queden un poco olvidadas. Fundamentalmente, el placer de las personas con vulva ha quedado oculto, hasta hacer chistes sobre la cantidad de veces que no encuentran al amado clítoris.
Un primer paso para cambiar el chip, es entender que no hay tal cosa como “la previa”. Todos esos juegos que anteceden la penetración son sumamente placenteros y no necesariamente deben conducir a la misma. No es un restaurante donde hay algo así como una “entrada” – por ejemplo, sexo oral – y un “plato principal” – penetración- en nuestras relaciones sexuales. Si todo lo que NO sea penetración nos parece opcional, va a ser mucho más difícil relajarnos y llegar al orgasmo o simplemente disfrutar muchísimo, ya que la finalidad del sexo tampoco es el orgasmo, sino lo que cada persona se proponga.
Otro gran concepto aliado de esta visión es la “virginidad”, ya nos lo dijo la @lic.ceciliace: ¡¡¡NO existe!!! Es una construcción social, no una realidad biológica. Definitivamente, no se pierde nada con la penetración y no debería haber estigma alguno relacionado a la misma. Todo lo que nos de placer sexual – soles o acompañades – es sexo. Esto abarca desde frotarse con una almohada, los besos en el cuello y todo lo que se te ocurra en este orden.Es decir, si no hubo penetración también fue sexo*, siempre teniendo en cuenta la necesidad de que haya consenso y consentimiento entre las partes que estén facultadas para darlo.
A su vez, las personas con vulva no necesariamente – y definitivamente NO únicamente – llegamos al orgasmo con penetración. Necesitamos estimular el clítoris y demás zonas erógenas para eso. No hay ninguna prisa al momento de tener sexo y es una gran idea darle importancia y atención a jugar y estimular otras zonas de nuestro cuerpo a través de los sentidos.
Pero, ¿por qué ha sido durante tanto tiempo ignorado el papel del clítoris? Bueno, el placer de las personas con vulva nunca fue una prioridad en nuestra cultura, generando su desconocimiento. Además, la educación sexual que recibimos no solo es insuficiente, sino que, generalmente, se enfoca únicamente en la prevención de riesgos, dejando de lado el placer. Pero las formas de estimularlo son tantas como personas que lo tengan, es cuestión de descubrir qué prefiere cada une.
Otra creencia instalada es que la relación sexual comienza cuando les involucrades se quitan la ropa. Pues no mi cielx, empieza cuando la imaginamos, nos predisponemos y tenemos una manija bárbara a que llegue ese momento. Entonces, la seducción también es parte del sexo.
Por último, el coitocentrismo tiene múltiples consecuencias en nuestras vidas sexuales, afectando nuestros vínculos con otres y con une misme. Algunas de estas son: focalización de las relaciones sexuales entre personas con pene y vagina unicamente, menor disfrute sexual – ya que solo nos centramos en una pequeña veta de nuestra inmensa sexualidad -, la presión de tener que cumplir con las expectativas generadas alrededor del pene y la penetración, la culpa que puede generar el no querer o no disfrutar de la penetración, perdernos todas las demás sensaciones de un encuentro sexual no enfocado solo en la genitalidad.
Si te gustó esta nota, quedate atente para la próxima sobre ideas para involucrar todos los sentidos durante un encuentro sexual.
La sexualidad se construye todos los días y es nuestro derecho una sexualidad plena, libre y responsable.
